DE
PACTOS, REFORMAS Y PODERES
J.
ALBERTO AGUILAR IÑÁRRITU
CNNMÈXICO
ENERO
19, 2013
El pasado martes 15 de enero, unas semanas antes de
comenzar el segundo período ordinario de sesiones, el presidente Enrique
Peña Nieto asistió al Senado de la República donde es imperativo configurar un clima
propicio para el éxito de las iniciativas de reforma que presentará al Congreso
a partir de septiembre: energética, hacendaria y de seguridad social.
Su visita legislativa rompe con la
funesta relación autista entre esos dos poderes, cuando no de franca
confrontación, -que no de contrapeso-, que durante doce años sustituyó la superada
relación subordinada del Legislativo al Ejecutivo, propia del presidencialismo
del régimen de partido hegemónico.
Aunque se anuncia que en febrero
Enrique Peña Nieto asistirá a San Lázaro, cuestión sobre la que Manlio Fabio
Beltrones se ha congratulado declarando que “estas reuniones no deben ser de una vez y
nunca más, sino de una vez y para siempre, (...) de tal forma que se continúe en la ruta de un diálogo civilizado”,
no se debe perder de vista que ha sido justamente en el Senado donde las
iniciativas del Ejecutivo han sufrido mayores reveses para concretarse.
Esta reunión se realiza en el contexto del
denominado Pacto por México, un
oportuno instrumento político acorde con los tiempos, que muestra sensibilidad
política y un sano pragmatismo del equipo gobernante. Fue capaz de girar 180
grados de su diseño político de campaña, basado en pronósticos no cumplidos de
triunfo hegemónico, -propios de un país que ya no existe-, para asumir que
ganaron por el tercio mayor de los electores y que para ser eficaces deben avanzar
pactando propuestas y acciones entre actores representativos de los otros dos
tercios restantes.
Es una ruta que podría no ir más allá de la
coyuntura o perfilarse hasta inaugurar en México la coalición gobernante, pero que
muestra a un presidente dispuesto a hacer política
seria donde se había perdido esa virtud pública y que empieza por rescatar las
posibilidades creativas de la misma para superar el conflicto y proponer agenda.
Sin embargo, después de doce años de
discusiones pero de muy pocas concreciones sobre el imperativo democrático de
actualizar a las instituciones del Estado, si bien la política cuenta con un
activo conceptual a seguir, también sufre de un pasivo institucional que pone
en permanente riesgo la acción de gobierno.
Para superar la no resuelta ecuación presidencialismo-multipartidismo se
requiere tomar la decisión de abrir las compuertas constitucionales a la
modernización del régimen y asumir lo largamente debatido en la materia, antes
de que la realidad resulte un lastre tan pesado que ninguna habilidad política
sea suficiente para neutralizar sus trabas.
El afinado status del debate[1]
entre los partidarios del sistema
presidencial funcional y equilibrado, del sistema
presidencial con gobierno de gabinete, del modelo semipresidencial
y de quienes se pronuncian por el parlamentarismo,
constituye un sólido modelo para armar
que sólo requiere de voluntad para formarlo y consumar la responsabilidad
histórica de dar a México una renovada institucionalidad de Estado y de
gobierno.
El Pacto por México es bienvenido no sólo
por su pertinencia instrumental para avanzar en reformas largamente pospuestas,
sino porque esa es la naturaleza de la política en la democracia. Empero no hay
que confundir la herramienta con la estructura y jerarquizar también a las primeras
por su peso e importancia.
Existen pactos
fundantes y pactos operativos, los primeros son de gran aliento, tienen
vigencia por épocas, los segundos responden a fases o coyunturas más o menos
duraderas. Los primeros soportan la convivencia mayoritaria de nación por mucho
tiempo y dan lugar a grandes bloques históricos, los segundos permiten avanzar
a los actores de cada elección por medio de coaliciones temporales.
En los pactos
fundantes el clausulado es muy pequeño, no más de dos o tres disposiciones
contractuales que se fijan en la cultura dominante, en los pactos operativos las
clausulas tienden a ser muchas y se desgranan en políticas públicas. En fin,
los primeros determinan el sentido y el proyecto de nación, los segundos de los
gobiernos y de sus oposiciones; en los primeros el consenso es fundamental, en
los segundos confundir la regla de la mayoría con el consenso es una trampa.
Los primeros se llaman pactos de poder, los segundos de muchas formas.
En doscientos años de vida
independiente México ha vivido de tres pactos de poder: el de Guadalupe
Victoria que nos dio nación, el conformado desde Juárez hasta Díaz que nos dio
Estado, y el creado desde Obregón y Calles hasta Cárdenas que nos dio un régimen
para gobernar la Revolución, este último colapsó en 1982 en medio de una
profunda crisis fiscal.
Desde entonces estamos a la
búsqueda del cuarto pacto de poder de nuestra historia[2], el de la democracia, que inaugure
la cuarta era de la República, la República de la Democracia y permita ecualizar,
con plena libertad, legalidad y legitimidad, todos los intereses particulares
en función de restituir el interés general de la nación, cimiento de nuestra
unidad en lo fundamental[3].
[1]
Ver: La Reforma del Estado en México, un Camino de Acuerdos. Materiales para la
Actualización de la Agenda. Comisión de Reforma del Estado de la Conferencia
Nacional de Gobernadores. Marzo 19, 2012
[2] Ver: El Cuarto Pacto de
Poder, J. Alberto Aguilar Iñárritu. Colaboración
para el libro: “Constitucionalizar es Democratizar”. Editorial Porrúa/Facultad
de Derecho, UNAM/COPUEX, Noviembre 20, 2009
[3]
".. la conformación del acuerdo político
nacional o pacto de poder mayoritario, que funde y soporte a la democracia como
nueva época de la nación...un gran concierto de voluntades entre todos los
segmentos plurales de poder o al menos entre su mayoría absoluta...un pacto mayoritario de minorías activas,
donde se convienen las líneas básicas del rumbo nacional. Ver
2012: La última elección del siglo XX, J. Alberto Aguilar Iñárritu, Pag 5,
6 y 7 "La sucesión Presidencial 2012. ¿Qué hacer para legitimarla, por qué
cómo y cuándo? Editorial Porrúa/Facultad de Derecho, UNAM/COPUEX Diciembre 12,
2011
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