El Universal
J. Alberto Aguilar Iñárritu
Como toda renovación, llegó con la primavera del Magreb después
de un largo invierno autoritario. Pronto invadió el Oriente Medio y
ahí también despejó el cielo y barrió la tierra. Cruzó a Europa y se
convirtió en campamentos de la indignación. Los jóvenes
madrileños, catalanes y de toda España, tentaron los límites del
sistema, exhibieron los pasivos de la democracia e hicieron la
crítica frontal a unas elecciones que no lograban resolver su
protesta. Ahora abren sus plazas para repetirse en los barrios y
elevar su grito al orbe. En Francia, Italia, Alemania, Grecia y
Bélgica, los jóvenes se hacen de las calles para exigir
participación y futuro. Se asoman los fuegos de un verano caliente
que amenaza con abrasar al mundo. Al menos por redes sociales,
esas llamas ya llegan a México.
Desde 1968 no se veía un fenómeno parecido; sus características
son distintas pero su motivo es similar: la exclusión. Ahora son las
reglas económicas globales hoy en crisis quienes la acentúan. La
confirman las grietas de la representación ciudadana en la
democracia.
Desde los ministerios de finanzas se domina a la nación; se
desemplea y precariza al trabajo; se depaupera al salario; se
cancelan los sueños y la viabilidad de ser joven. Se ha potenciado
el horror implícito en la sentencia de la escitora Viviane Forrester:
“hay algo peor que la explotación del hombre por el hombre: la
ausencia de explotación”. La endémica falta de oportunidades
agravó, y la voz de los agraviados no se escucha en los pináculos
del sistema de toma de decisiones.
El hartazgo juvenil impulsa a la sociedad de los más a tomar
conciencia de la subrepresentación de sus causas y también de la
sobrerepresentación de los poderosos intereses de los menos. Tres
décadas de salvaje capitalismo financiero han sobrecartelizado la
economía mundial y han dañado a la democracia impulsada desde
Occidente.
Si la rebelión civil del Levante se dirigió contra el arcaísmo
autoritario socio occidental, los obuses contestarios de los
Indignados europeos han pegado en la línea de flotación de la
democracia que practicamos; ya se dijo, la matriz común es la
exclusión ¿Estamos ante el comienzo de la crisis de la democracia
liberal o sólo es un asunto de incapacidad de la clase política y de
sus partidos para representar con integridad a sus votantes?
La democracia es un sistema de igualdad y libertad, la isonomia y
la isegoria de los antiguos. Una cabeza un voto y voz libre, que en
la práctica se traduce en decidir quién nos represente. La
voluntad del pueblo toma forma y se ejerce desde el balcón del
poder que mira al pueblo desde arriba. Por eso la calidad de la
representación es uno de los puntos críticos de la funcionalidad
democrática; otro es el imperativo de un creciente progreso en las
condiciones sociales para todos. Parafraseando a Tocqueville, los
hombres terminarán por ser iguales en todo, porque no se puede
ser iguales en casi todo. Un tercero es la imprescindible
contraloría ciudadana del ejercicio del poder y un cuarto es su
capacidad para auto regenerarse.
El ejercicio democrático del poder, además de ser fiel a la Ley,
supone la plena concordancia de sus actos con el interés general,
que tiende a ser mayoritario y resulta de procesar el amplio
espectro de los intereses particulares en el Estado. Son los
partidos el vehículo de trasmisión para ecualizar esos intereses
particulares, si estos fallan el poder pierde sustentación. Una
causa: el autismo partidista; el ruido de sus intereses propios o de
minorías poderosas, les impide escuchar la voz de sus
representados.
En el México de los ninis y del fin de la era Reyes Heroles, los
partidos son franquicias al servicio de cofradías internas, la
república es rehén electoral, la igualdad es una frase retórica, la
seguridad pública está seriamente lastimada, la mayoría
ciudadana está subrepresentada y una rica minoría
sobrerepresentada, la economía ralentizada sin superar su
modernización fallida ¿Habrá suficiente pasto seco para los fuegos
josealbertoaguilar@terra.com.mx
@aguilarinarritu
jaaguilarinarritu.blogspot.com
Político y escritor
J. Alberto Aguilar Iñárritu
17 de junio de 2011
Como toda renovación, llegó con la primavera del Magreb después
de un largo invierno autoritario. Pronto invadió el Oriente Medio y
ahí también despejó el cielo y barrió la tierra. Cruzó a Europa y se
convirtió en campamentos de la indignación. Los jóvenes
madrileños, catalanes y de toda España, tentaron los límites del
sistema, exhibieron los pasivos de la democracia e hicieron la
crítica frontal a unas elecciones que no lograban resolver su
protesta. Ahora abren sus plazas para repetirse en los barrios y
elevar su grito al orbe. En Francia, Italia, Alemania, Grecia y
Bélgica, los jóvenes se hacen de las calles para exigir
participación y futuro. Se asoman los fuegos de un verano caliente
que amenaza con abrasar al mundo. Al menos por redes sociales,
esas llamas ya llegan a México.
Desde 1968 no se veía un fenómeno parecido; sus características
son distintas pero su motivo es similar: la exclusión. Ahora son las
reglas económicas globales hoy en crisis quienes la acentúan. La
confirman las grietas de la representación ciudadana en la
democracia.
Desde los ministerios de finanzas se domina a la nación; se
desemplea y precariza al trabajo; se depaupera al salario; se
cancelan los sueños y la viabilidad de ser joven. Se ha potenciado
el horror implícito en la sentencia de la escitora Viviane Forrester:
“hay algo peor que la explotación del hombre por el hombre: la
ausencia de explotación”. La endémica falta de oportunidades
agravó, y la voz de los agraviados no se escucha en los pináculos
del sistema de toma de decisiones.
El hartazgo juvenil impulsa a la sociedad de los más a tomar
conciencia de la subrepresentación de sus causas y también de la
sobrerepresentación de los poderosos intereses de los menos. Tres
décadas de salvaje capitalismo financiero han sobrecartelizado la
economía mundial y han dañado a la democracia impulsada desde
Occidente.
Si la rebelión civil del Levante se dirigió contra el arcaísmo
autoritario socio occidental, los obuses contestarios de los
Indignados europeos han pegado en la línea de flotación de la
democracia que practicamos; ya se dijo, la matriz común es la
exclusión ¿Estamos ante el comienzo de la crisis de la democracia
liberal o sólo es un asunto de incapacidad de la clase política y de
sus partidos para representar con integridad a sus votantes?
La democracia es un sistema de igualdad y libertad, la isonomia y
la isegoria de los antiguos. Una cabeza un voto y voz libre, que en
la práctica se traduce en decidir quién nos represente. La
voluntad del pueblo toma forma y se ejerce desde el balcón del
poder que mira al pueblo desde arriba. Por eso la calidad de la
representación es uno de los puntos críticos de la funcionalidad
democrática; otro es el imperativo de un creciente progreso en las
condiciones sociales para todos. Parafraseando a Tocqueville, los
hombres terminarán por ser iguales en todo, porque no se puede
ser iguales en casi todo. Un tercero es la imprescindible
contraloría ciudadana del ejercicio del poder y un cuarto es su
capacidad para auto regenerarse.
El ejercicio democrático del poder, además de ser fiel a la Ley,
supone la plena concordancia de sus actos con el interés general,
que tiende a ser mayoritario y resulta de procesar el amplio
espectro de los intereses particulares en el Estado. Son los
partidos el vehículo de trasmisión para ecualizar esos intereses
particulares, si estos fallan el poder pierde sustentación. Una
causa: el autismo partidista; el ruido de sus intereses propios o de
minorías poderosas, les impide escuchar la voz de sus
representados.
En el México de los ninis y del fin de la era Reyes Heroles, los
partidos son franquicias al servicio de cofradías internas, la
república es rehén electoral, la igualdad es una frase retórica, la
seguridad pública está seriamente lastimada, la mayoría
ciudadana está subrepresentada y una rica minoría
sobrerepresentada, la economía ralentizada sin superar su
modernización fallida ¿Habrá suficiente pasto seco para los fuegos
del Magreb?
josealbertoaguilar@terra.com.mx
@aguilarinarritu
jaaguilarinarritu.blogspot.com
Político y escritor
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