lunes, 9 de mayo de 2011

El misterio económico mexicano…

J. Alberto Aguilar Iñárritu
El Universal
Mayo 1, 2011

El presidente Calderón dice que la gente no percibe en sus bolsillos que la economía va bien. Augusto de la Torre, economista en jefe del Banco Mundial dijo: México, un país estrella en lo macroeconómico, por un gran misterio no consigue generar tasas de crecimiento mayores, vive una recuperación sin empleo (sic) y muy baja productividad. Sin rubor pasó a sugerir las mismas recetas que las centrales económicas globales nos prescriben desde hace casi tres décadas.

Esas crónicas me trajeron el recuerdo de “La Teoría Humorística de la Economía”, aquel magnífico artículo donde Cecilia Soto compara los dogmas actuales de los economistas oficiales, con aquellos que suponían que el cuerpo humano enfermaba por humores malignos alojados en la sangre. La cura (sic) indicaba sangrar al enfermo, que debilitado moría de anemia. El debate sobre su muerte se centraba en la técnica del sangrado. De un lado los partidarios del punzón y del otro quienes utilizaban sanguijuelas. Los pacientes pagaban con su vida la rabiosa defensa de ambos criterios medicinales. Ahora los sacerdotes de la economía oficial condenan a muerte la vida productiva de millones de seres humanos; les impiden el empleo de sus talentos para producir riqueza y mejorar.

México sufre las directrices de un modelo de estancamiento con estabilidad, que hoy afirma crecer sin empleo. Bajo las reglas de la ortodoxia fiscal y monetaria, presume una recuperación menor y más lenta que otras economías latinoamericanas. Padece depauperación salarial, profunda desigualdad en el ingreso, desindustrialización, raquitismo del mercado interno y una no diversificada capacidad exportadora, con un tipo de cambio usado como ancla antiinflacionaria. Se invocan retos y misterios, pero la cuestión es ¿si a todos nos va mal con este modelito por qué no lo cambiamos?, o ¿hay a quienes les va bien?, en fin ¿quién gana y quien pierde?

Contestar exige asumir la no uniformidad de los intereses sociales, poner en duda el falso bien común de la ideología dominante y asumir que hay privilegios de grupo erigidos sobre el mal de los demás. Ningún modelo productivo, de acumulación y distribución puede ser neutral.

Demanda pronunciarse por rescatar la igualdad y construir la República de la Democracia, así con mayúsculas. Una institucionalidad robusta que ecualice los intereses particulares en función de un interés general mayoritariamente benéfico y acepte que la mayor decisión de la economía es política y que el Estado debe definir: ¿economía para qué o para quién? Obviamente la oligarquía preferirá invocar retos y misterios antes que abrir la puerta a la verdad.

Los intentos por sustituir el modelo de la Revolución colapsado en 1982, culminaron en una modernización fallida de la economía que entró en crisis en 1994 y, no obstante ser su inherente desigualdad uno de los mayores obstáculos a la democracia, aprovechó la bocanada de oxígeno de la alternancia para colarse incólume hasta nuestros días. Crearon un capitalismo de cuates que, con exigua innovación tecnológica e importando cuatro de cada cinco insumos necesarios para exportar, alimenta una acumulación de capital exógena; sobreexplota al trabajo, produce pobreza y rompe la cohesión social; devora empresas pequeñas y medianas e impide el empleo; y para competir globalmente, subsidia a sus pocas grandes empresas vía privilegios fiscales pagados con petróleo y rentas internas vía precios de oligopolio.

La voluntad de llevar prosperidad económica a los bolsillos mexicanos comienza con una reforma contra los privilegios y demás sangrías fiscales, destinada a aumentar 4 o 5 puntos la pequeña participación pública en la inversión total; a universalizar seguridad social, pensiones y seguro al desempleo para disminuir 20 o 30% el costo de un empleo y, en consecuencia, concertar un aumento salarial real de 10 a 15% para reactivar el mercado interno y dar oportunidad a la creación de empresas, empleos y mejorar la distribución del ingreso.

¿Podremos oponer una fuerza superior a la de los privilegios?


*Político y escritor
josealbertoaguilar@terra.com.mx

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