domingo, 31 de julio de 2011

De las osamentas al nuevo pacto político nacional



J. Alberto Aguilar Iñàrritu*
El Universal
Julio 30, 2011

El último sábado de julio, las osamentas de 14 héroes insurgentes volvieron a desfilar y a ser expuestas como testimonios mortuorios de una evocación bicentenaria que mira sin ver su papel en la construcción del destino nacional. Olvida nuestra grave carencia de no contar con un proyecto de nación mayoritariamente compartido y obsesivamente espera que los nobles huesos sean un mágico fetiche que reúna y convoque a los mexicanos para preservar y transformar nuestras instituciones en bien de la justicia, la equidad, la igualdad, la representatividad y la democracia que querían nuestros héroes, (y también nosotros).
En el acto el presidente Felipe Calderón emplazó a lograr una unidad que anteponga el interés nacional para conseguir un México seguro, prospero e igualitario. Sin duda su llamado es atendible, no obstante no haber planteado ningún cómo, ni ningún compromiso de trabajo político para alcanzarlo. Lo bueno es que estableció que a la generación del Bicentenario, así denominada por él, le toca luchar por preservar la libertad, lo malo es que es la misma generación que todavía no atina a encender la Estela de Luz.
Un día antes el CONEVAL, en medio de críticas por maquillar cifras y pronunciamientos del gabinete acerca del origen externo de nuestros infortunios sociales, informó de un incremento de la pobreza entre 2008 y 2010 de 1.2 millones de personas para alcanzar 52 millones. Los críticos dicen que la pobreza creció en el bienio de 53.7 a 58.5 millones. Esto es, la pobreza aumentó en 4.8 millones de personas y la pobreza extrema, en 3.4 millones. La oposición dice que el sexenio hasta ahora ha producido 12.2 millones de pobres: 8 mil por día, 348 por hora y 6 cada minuto. En cualquier caso, el tema es bastante delicado.
¿Puede un país unirse en medio de tanta desigualdad? ¿Puede una democracia subsistir y robustecerse en ese contexto? La respuesta es no, luego entonces ¿qué hacer para tener un México unido, democrático y próspero? Es claro que la inseguridad y la pobreza están íntimamente ligadas al modelo económico vigente, un modelito maquilador ineficiente, excluyente y oligopólico. En este tema también los diagnósticos y las soluciones abarrotan las gavetas del archivo muerto nacional. Todo sigue igual ¿Dónde está el atore? En el mismo sitio donde se paraliza la reforma al régimen político, la reforma fiscal y la laboral y tantas otras cuya inexistencia confirma el envejecimiento prematuro de un país que debiera consolidar su carácter de potencia emergente.
El cambio se detiene porque no existe un bloque social con capacidad de gobierno, dispuesto y con la fuerza necesaria para volver a poner a México en los rieles de su modernización y si hay otro, el de la conservación de sus privilegios, listo a pelear hasta la vida del último de los mexicanos para mantener sus inmorales beneficios.
2012 está obligado a ser un referéndum de gobernabilidad para la seguridad y la prosperidad de los mexicanos. Sin embargo nos pasamos discutiendo personas en vez de debatir proyectos. Es momento de exigir a los partidos propuestas y al gobierno responsabilidad. Lo primero es convocar a un nuevo pacto político donde quepamos todos. El primer compromiso es hacer la reforma del poder para restituir la República, -el cuarto de nuestra historia-, y lograr gobiernos democráticos de mayoría.
Así como se configuró un frente amplio para la alternancia, ha llegado el momento de crear su equivalente para la gobernabilidad participativa. Estimular el acuerdo y no sólo la confrontación. Cambiar el que uno gane todo y los otros pierdan todo. Si abandonan la política sucesoria de partido y se concentran en la política de Estado, la generación de Bicentenario y el presidente Calderón, tienen la oportunidad de cambiar el sino de su crónica en la historia. Situemos la contienda del 2012 en un escenario de mayor amplitud y beneficio nacional, alejemos cualquier apetito golpista o restaurador. Empecemos por plantear la separación entre jefe de estado y de gobierno.

*Político y escritor
@aguilarinarritu

viernes, 17 de junio de 2011

Las crisis de las clases políticas, desde el Magreb hasta México

El Universal
J. Alberto Aguilar Iñárritu

17 de junio de 2011

Como toda renovación, llegó con la primavera del Magreb después
de un largo invierno autoritario. Pronto invadió el Oriente Medio y
ahí también despejó el cielo y barrió la tierra. Cruzó a Europa y se
convirtió en campamentos de la indignación. Los jóvenes
madrileños, catalanes y de toda España, tentaron los límites del
sistema, exhibieron los pasivos de la democracia e hicieron la
crítica frontal a unas elecciones que no lograban resolver su
protesta. Ahora abren sus plazas para repetirse en los barrios y
elevar su grito al orbe. En Francia, Italia, Alemania, Grecia y
Bélgica, los jóvenes se hacen de las calles para exigir
participación y futuro. Se asoman los fuegos de un verano caliente
que amenaza con abrasar al mundo. Al menos por redes sociales,
esas llamas ya llegan a México.
Desde 1968 no se veía un fenómeno parecido; sus características
son distintas pero su motivo es similar: la exclusión. Ahora son las
reglas económicas globales hoy en crisis quienes la acentúan. La
confirman las grietas de la representación ciudadana en la
democracia.
Desde los ministerios de finanzas se domina a la nación; se
desemplea y precariza al trabajo; se depaupera al salario; se
cancelan los sueños y la viabilidad de ser joven. Se ha potenciado
el horror implícito en la sentencia de la escitora Viviane Forrester:
“hay algo peor que la explotación del hombre por el hombre: la
ausencia de explotación”. La endémica falta de oportunidades
agravó, y la voz de los agraviados no se escucha en los pináculos
del sistema de toma de decisiones.
El hartazgo juvenil impulsa a la sociedad de los más a tomar
conciencia de la subrepresentación de sus causas y también de la
sobrerepresentación de los poderosos intereses de los menos. Tres
décadas de salvaje capitalismo financiero han sobrecartelizado la
economía mundial y han dañado a la democracia impulsada desde
Occidente.
Si la rebelión civil del Levante se dirigió contra el arcaísmo
autoritario socio occidental, los obuses contestarios de los
Indignados europeos han pegado en la línea de flotación de la
democracia que practicamos; ya se dijo, la matriz común es la
exclusión ¿Estamos ante el comienzo de la crisis de la democracia
liberal o sólo es un asunto de incapacidad de la clase política y de
sus partidos para representar con integridad a sus votantes?
La democracia es un sistema de igualdad y libertad, la isonomia y
la isegoria de los antiguos. Una cabeza un voto y voz libre, que en
la práctica se traduce en decidir quién nos represente. La
voluntad del pueblo toma forma y se ejerce desde el balcón del
poder que mira al pueblo desde arriba. Por eso la calidad de la
representación es uno de los puntos críticos de la funcionalidad
democrática; otro es el imperativo de un creciente progreso en las
condiciones sociales para todos. Parafraseando a Tocqueville, los
hombres terminarán por ser iguales en todo, porque no se puede
ser iguales en casi todo. Un tercero es la imprescindible
contraloría ciudadana del ejercicio del poder y un cuarto es su
capacidad para auto regenerarse.
El ejercicio democrático del poder, además de ser fiel a la Ley,
supone la plena concordancia de sus actos con el interés general,
que tiende a ser mayoritario y resulta de procesar el amplio
espectro de los intereses particulares en el Estado. Son los
partidos el vehículo de trasmisión para ecualizar esos intereses
particulares, si estos fallan el poder pierde sustentación. Una
causa: el autismo partidista; el ruido de sus intereses propios o de
minorías poderosas, les impide escuchar la voz de sus
representados.
En el México de los ninis y del fin de la era Reyes Heroles, los
partidos son franquicias al servicio de cofradías internas, la
república es rehén electoral, la igualdad es una frase retórica, la
seguridad pública está seriamente lastimada, la mayoría
ciudadana está subrepresentada y una rica minoría
sobrerepresentada, la economía ralentizada sin superar su
modernización fallida ¿Habrá suficiente pasto seco para los fuegos
del Magreb?

josealbertoaguilar@terra.com.mx
@aguilarinarritu
jaaguilarinarritu.blogspot.com
Político y escritor

lunes, 9 de mayo de 2011

El misterio económico mexicano…

J. Alberto Aguilar Iñárritu
El Universal
Mayo 1, 2011

El presidente Calderón dice que la gente no percibe en sus bolsillos que la economía va bien. Augusto de la Torre, economista en jefe del Banco Mundial dijo: México, un país estrella en lo macroeconómico, por un gran misterio no consigue generar tasas de crecimiento mayores, vive una recuperación sin empleo (sic) y muy baja productividad. Sin rubor pasó a sugerir las mismas recetas que las centrales económicas globales nos prescriben desde hace casi tres décadas.

Esas crónicas me trajeron el recuerdo de “La Teoría Humorística de la Economía”, aquel magnífico artículo donde Cecilia Soto compara los dogmas actuales de los economistas oficiales, con aquellos que suponían que el cuerpo humano enfermaba por humores malignos alojados en la sangre. La cura (sic) indicaba sangrar al enfermo, que debilitado moría de anemia. El debate sobre su muerte se centraba en la técnica del sangrado. De un lado los partidarios del punzón y del otro quienes utilizaban sanguijuelas. Los pacientes pagaban con su vida la rabiosa defensa de ambos criterios medicinales. Ahora los sacerdotes de la economía oficial condenan a muerte la vida productiva de millones de seres humanos; les impiden el empleo de sus talentos para producir riqueza y mejorar.

México sufre las directrices de un modelo de estancamiento con estabilidad, que hoy afirma crecer sin empleo. Bajo las reglas de la ortodoxia fiscal y monetaria, presume una recuperación menor y más lenta que otras economías latinoamericanas. Padece depauperación salarial, profunda desigualdad en el ingreso, desindustrialización, raquitismo del mercado interno y una no diversificada capacidad exportadora, con un tipo de cambio usado como ancla antiinflacionaria. Se invocan retos y misterios, pero la cuestión es ¿si a todos nos va mal con este modelito por qué no lo cambiamos?, o ¿hay a quienes les va bien?, en fin ¿quién gana y quien pierde?

Contestar exige asumir la no uniformidad de los intereses sociales, poner en duda el falso bien común de la ideología dominante y asumir que hay privilegios de grupo erigidos sobre el mal de los demás. Ningún modelo productivo, de acumulación y distribución puede ser neutral.

Demanda pronunciarse por rescatar la igualdad y construir la República de la Democracia, así con mayúsculas. Una institucionalidad robusta que ecualice los intereses particulares en función de un interés general mayoritariamente benéfico y acepte que la mayor decisión de la economía es política y que el Estado debe definir: ¿economía para qué o para quién? Obviamente la oligarquía preferirá invocar retos y misterios antes que abrir la puerta a la verdad.

Los intentos por sustituir el modelo de la Revolución colapsado en 1982, culminaron en una modernización fallida de la economía que entró en crisis en 1994 y, no obstante ser su inherente desigualdad uno de los mayores obstáculos a la democracia, aprovechó la bocanada de oxígeno de la alternancia para colarse incólume hasta nuestros días. Crearon un capitalismo de cuates que, con exigua innovación tecnológica e importando cuatro de cada cinco insumos necesarios para exportar, alimenta una acumulación de capital exógena; sobreexplota al trabajo, produce pobreza y rompe la cohesión social; devora empresas pequeñas y medianas e impide el empleo; y para competir globalmente, subsidia a sus pocas grandes empresas vía privilegios fiscales pagados con petróleo y rentas internas vía precios de oligopolio.

La voluntad de llevar prosperidad económica a los bolsillos mexicanos comienza con una reforma contra los privilegios y demás sangrías fiscales, destinada a aumentar 4 o 5 puntos la pequeña participación pública en la inversión total; a universalizar seguridad social, pensiones y seguro al desempleo para disminuir 20 o 30% el costo de un empleo y, en consecuencia, concertar un aumento salarial real de 10 a 15% para reactivar el mercado interno y dar oportunidad a la creación de empresas, empleos y mejorar la distribución del ingreso.

¿Podremos oponer una fuerza superior a la de los privilegios?


*Político y escritor
josealbertoaguilar@terra.com.mx

jueves, 14 de abril de 2011

Una apostasía electoral de nuestros tiempos…



J Alberto Aguilar Iñárritu*
El Universal
Abril 3, 2011

Entre la pureza y la subsistencia son el fruto prohibido de la debacle perredista; la desesperación panista las impulsa de la mano de su angustia por tener que entregar las llaves de Los Pinos; el priismo ansía exorcizar la voluntad ciudadana de su posesión corruptora y neutralizar su amenaza al triunfo que siente en la bolsa. Todos las sufren, son las Alianzas; no cualesquiera, sólo las que revuelven el azul y el amarillo. Son una apostasía electoral de nuestros tiempos que anuncia el principio del fin del régimen de partidos, tal y cual lo conocemos, aunque todavía no conozcamos su desenlace.

Las críticas a su incongruencia ideológica no han sido suficientes para frenarlas y menos aún para revelar sus artes de seducción. Tampoco basta acreditar los errores internos de dirigencias del PRI y de otras fuerzas para aclarar su porqué, aunque, sin duda, éste concierne a las debilidades del actual régimen de partidos; verdaderas franquicias electorales propiedad de imperecederas cofradías.

Los partidos han entrado en una crisis que sólo se puede agudizar. Estacionados en una lucha electoral cada vez más desdibujada de los propósitos de la transición, se vuelven cada vez más disfuncionales a la gobernabilidad de la democracia y parte activa del oligopolio del poder que somete a la República y subrepresenta a la ciudadanía.

El destino nos alcanzó, todavía no superamos la incapacidad de todos para desmontar los despojos del antiguo régimen y construir otro capaz de gobernar y la matriz del sistema: el método Reyes Heroles para la inclusión político electoral de la pluralidad, ya se agotó.

La sociedad asiste, cansada de pregones electorales y sin mejoría de fondo, a las fracturas partidarias de conveniencia, propias de la lucha del poder por el poder mismo. La rigidez cupular de los partidos hace que los compromisos de los aspirantes sean volátiles y sólo estén sujetos al interés personal y de grupo. Al no ser parte de ningún pacto ideológico y programático con la ciudadanía, carecen de detentes ante el oportunismo.

Hasta ahora las Alianzas han probado su eficacia para oponerse al PRI y derrotarlo, pero no han contribuido a solucionar la ausencia de propuesta, mal endémico del electorerismo mexicano, incluso por sus contradicciones lo han agravado y veremos que pasa respecto del ejercicio de sus gobiernos. Sin embargo, tampoco puede descartase que puedan ser la simiente de las deseadas coaliciones de gobierno. Como siempre, eso dependerá de la calidad de la política y de sus actores, porque la otra cara de esta crisis también podría ser un retroceso democrático mayor.

Si su desenlace es constructivo, hacia el 2012 se podrían configurar dos escenarios:

Que se perfilen dos bloques mayoritarios, ambos con agenda de cambio y robusto pacto social, y se confronten en ese referéndum de gobernabilidad para prefigurar una salida de dominancia bipartidista, con una sólida tercera fuerza en MORENA, que ponga fin al flagelo de los gobiernos de primera minoría para avanzar en una agenda de reformas pactada, más allá del sempiterno calendario electoral.  

O bien, que se conforme un solo bloque dominante, un frente muy amplio, que se apropie de la bandera del cambio, logre la alianza mayoritaria con la sociedad y se proponga rebasar a todos los partidos políticos como algo del pasado para desmontar los retazos del antiguo régimen y anular el freno oligárquico a la modernización democrática de México.

Paradójicamente es el PRI quien puede definir la viabilidad de los dos escenarios. Su mejor opción está en el primer caso: constituir uno de los bloques y ponerse a la cabeza de la lucha por culminar la transición a la democracia, pactar internamente una agenda de reformas y aliarse con la sociedad para lograrlo. Si se limita a fustigar las alianzas, se encierra y no toma la bandera del cambio, dará lugar a la segunda opción, al frente amplio en su contra y terminará representando la restauración, es decir habrá perdido el referéndum del 2012 y tal vez su vida útil.


*Político y escritor
josealbertoaguilar@terra.com.mx


lunes, 7 de marzo de 2011

El embargo del porvenir… J Alberto Aguilar Iñárritu

El embargo del porvenir…
J Alberto Aguilar Iñárritu*
El Universal
Enero 27, 2011


“Yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social.  Nosotros somos hombres-bombas. En las villas miseria hay cien mil hombres-bombas. Estamos en el centro de lo insoluble mismo”
Marcola

Puntual y propositivo como siempre, el Dr. Narro, rector de la UNAM, de nuevo llamó la atención de quien quisiera escuchar, para enjuiciar el calificativo de guerra asociado al combate al narcotráfico y cuya paternidad ahora nadie quiere reconocer; y para denominar como fracaso de la sociedad las hasta el momento 34,500 muertes que enlutan a muchas familias y que frecuentemente son estimadas en el dicho oficial como “no tan importantes” por considerarlas relacionadas con el crimen organizado.  Así mismo volvió a poner el dedo en la llaga para señalar que esa cifra de homicidios, se compone de muchos jóvenes a quienes se les ha negado la posibilidad de futuro.  

Hace casi tres décadas en nuestro país se inició un proceso de modernización que divorció a la economía de la sociedad y llevó al Estado a abdicar de su función rectora y promotora del desarrollo social en favor del asistencialismo mendicante, administrador de la pobreza. Construyó un modelito exportador de mano de obra barata, que depauperó al trabajo a costa de la reducción permanente del salario como endeble base de su competividad, incapaz de crecer y satisfacer la demanda de empleo, y donde la cohesión social no fue ninguna prioridad y menos la felicidad de las personas o la inclusión del arcaísmo social en su hoja de ruta.

Hoy estamos pagando la factura de esa modernización fallida que no obstante haber entrado en crisis desde 1994, se ha mantenido incólume gracias al uso dilapidador del petróleo, al oxigeno temporal de la alternancia electoral y al conservadurismo de los intereses creados, neutralizadores del cambio a lo largo de la primera década de la alternancia. Vivimos una situación que condena a muchos de nuestros jóvenes a la invisibilidad y a manifestar su existencia sólo a través de la violencia, embargando el porvenir de la Patria.

Ciudad Juárez es un triste caso emblemático de lo anterior: logro del TLCAN, uno de los principales centros logísticos del país, el cuarto PIB de México, el más importante cruce fronterizo y la ciudad que llegó a ocupar el lugar 16 entre las mejores de América latina para hacer negocios. Hoy es la ciudad más violenta del mundo con 191 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes frente a un promedio global de 5.5 homicidios por la misma cantidad de habitantes.

El Colegio de la Frontera Norte señala que cerca de 120 mil jóvenes en Ciudad Juárez entre los 13 y 24 años, 45% del total de este rango, no tienen acceso al aparato escolar, ni al mercado laboral y que casi el 60% de los homicidios dolosos que sufre Juárez dañan a la población cuya edad se ubica entre 19 y 35 años. Clara Jusidman explica que no son las carencias materiales y de ingreso las que determinan el estado y el deterioro de la situación social de Juárez, sino las condiciones del desarrollo sicoemocional individual, las necesidades de seguridad de las personas y las de desarrollo cultural y crecimiento.

Hoy Juárez se está muriendo y sus más de un millón trecientos mil habitantes, no están dispuestos a permitirlo.  El éxito de su lucha es la detente de un posible destino para otras partes del país y la oportunidad de poner en práctica de nuevo un concepto de desarrollo que vuelva a unir a la economía con la sociedad y con la felicidad de las personas como su propósito principal. Por eso es verdad que salvar a Juárez es rescatar a México.

Si bien la Ciudad es rehén de una lucha que no provocó entre carteles que se disputan el usufructo de sus ventajas competitivas y la estrategia de combate que decidió el gobierno federal para hacerles frente, también es víctima de sus propias contradicciones generadas a lo largo de muchos años de olvido de la gente.

En su actual contexto, la jerarquía de toda acción pública o civil debe medirse por su aportación para detener la violencia y en los jóvenes, ya sea como víctimas o como victimarios, se personifica buena parte de ella, por eso son la prioridad de todo esfuerzo.


*Político y escritor
josealbertoaguilar@terra.com.mx

domingo, 6 de marzo de 2011

Cumpleaños 82 del PRI







J. Alberto Aguilar Iñárritu



Con 82 años a cuestas, el Partido Revolucionario Institucional, miembro del selecto grupo de los partidos más longevos del mundo, se apresta a mostrar lo que ha aprendido en su etapa de oposición y lo que recuerda de la anterior para lanzarse otra vez en pos de la Presidencia de la República. Lo hace estrenando una dirigencia de nueva generación que, prácticamente sin hacer campaña, logró el consenso mayoritario de una militancia cansada de cuatro años de quedarse sin voz en un partido desmovilizado, capturado por una dirigencia que se recordará por las altas rejas, coronadas por púas, con la que cerró la entrada partidaria a su sede nacional.
La nueva dirigencia hereda muchos retos para hacer del PRI un partido capaz de definir y apoyar una candidatura al 2012 que convoque a la unidad interna, al mismo tiempo que a la voluntad mayoritaria de una ciudadanía harta de la ineficacia de la política actual en la solución de sus necesidades. El PRI debe entender que, sin demeritar sus fortalezas, su ascenso en las preferencias de la opinión pública responde más a los fracasos de la opción en el poder y al autodesmantelamiento de la izquierda que a sus méritos, que si bien existen, no acreditan aún que el PRI se haya transformado y que represente una nueva alternativa ante el desgastado sistema de partidos.
Completar con éxito esa tarea exige mucho más que colgar una manta en Insurgentes que dice estar “Construyendo el PRI del siglo XXI”, requiere sacar sus documentos básicos del archivo muerto, en particular su socialdemócrata declaración de principios, y proponerse conquistar de nuevo el centro izquierda del país, muy desdibujado por las pugnas aliancistas, pero sobre todo, decidirse a contestar las preguntas que la gente profundizará en los próximos tiempos: ¿Por qué debe regresar el PRI a Los Pinos y qué ganamos nosotros con eso?
Contestarla implica construir y proponer un proyecto de rumbo a la nación que acredite ser el fundamento de su pacto político interno, al mismo tiempo que el vehículo para incorporar y expresar en él las demandas de la ciudadanía y pactar con ella la edificación de un bloque mayoritario con capacidad de gobierno, que le permita salir con éxito del referéndum de gobernabilidad del 2012. Se trata de contar con una hoja de ruta que convoque y convenza a una mayoría social de sus cualidades para lograr que nuestro país recupere el rumbo perdido en prácticamente todos los campos y, en consecuencia, pueda reintegrar a los mexicanos al orden, la seguridad, la prosperidad económica, la igualdad social, la soberanía y la respetabilidad internacional, que son bienes en torno a los cuales los ciudadanos sin duda tenderán a vertebrar su voluntad electoral.
El PRI perdió cuatro años para avanzar en este rumbo y ahora debe hacerlo en unos cuantos meses, necesita echar mano de instrumentos probados que inopinadamente se hicieron a un lado como el IEPES o su equivalente, una herramienta de campaña que reúne la expresión de la inteligencia priísta que es amplia y consistente para producir una propuesta e ir con ella a pactar con el electorado, mostrando de cara al mismo cómo construye su proyecto de nación; cómo pacta internamente su compromiso de unidad interna en torno a ese proyecto; y cómo el discurso partidario se pronuncia y se actúa, todo el tiempo y en todo lugar, sobre los temas de la agenda nacional en plena consistencia con ese proyecto.
Un segundo reto para la dirigencia es llevar al PRI a superar el tema de las alianzas, analizando, con independencia de los errores cometidos por las dirigencias nacionales y estatales en las últimas derrotas electorales, en qué medida éstas responden al agotamiento del actual sistema de partidos y perfilan el surgimiento de otro de dominancia bipartidista. Lo cual será materia de mi próxima colaboración.
josealbertoaguilar@terra.com.mx
Político y escritor

jueves, 6 de enero de 2011

Adios a la primera década...

J Alberto Aguilar Iñárritu
El Universal
Contraste
Diciembre 2010


El 31 de diciembre culminó la primera década del nuevo siglo; aquella que en el México político se inició con el advenimiento de la alternancia electoral y que concluyó con la dominancia del largo impasse que el conservadurismo mexicano ha impuesto al progreso de la democracia e impedido su profundización. Una década que en su origen vio renacer la esperanza de la sociedad en la fuerza soberana de su voto y que ahora termina testificando el desánimo ciudadano en la capacidad de esa democracia para brindarles seguridad y bienestar. En sus más recientes mediciones, el Latinobarómetro dio a conocer este mes de diciembre que el nivel de satisfacción democrática en América Latina es en promedio del 44% de su población, mientras que solamente el 27% de los mexicanos dijo estar satisfecho con la democracia. México ocupa en este aspecto, el último lugar entre 18 países medidos. Qué lejanas se ven aquellas mediciones de 1997, cuando en los prolegómenos del siglo XXI, el 47% de los mexicanos declaraba estar satisfecho con la democracia. Incluso la cifra actual es un punto porcentual más baja que la ofrecida en la medición del 2009 y se articula peligrosamente con el dato, también proporcionado por Latinobarómetro, de que solamente el 17% de los mexicanos está satisfecho con su economía, mientras que el promedio latinoamericano es de 30%.
Por eso es cada vez más frecuente observar que en conversaciones entre particulares, en medio de paradójicas acusaciones contra la democracia por el desorden, la parálisis y el creciente deterioro de la calidad de vida, se comienza a generar una atmosfera que invoca fantasmas del autoritarismo, sin considerar que el motivo de esos infortunios es justamente el insuficiente desarrollo de la democracia, acompañada por la debilitamiento de la República y la baja calidad de nuestra política. Es decir por la manifiesta incapacidad que, en esta primera década del nuevo siglo, la clase política ha mostrado para la construcción institucional y de mayorías que la soporten. Asunto que se ejemplifica en la detenida edificación del nuevo régimen político que necesita la democracia o la pospuesta, innumerables veces, reforma fiscal. Ambas, como otras estratégicas decisiones de cambio han sido frenadas una y otra vez por el tremendo lastre de los intereses creados, legales e ilegales, y la ausencia de un liderazgo político independiente de esos intereses, decidido y capaz de someter al oligopolio de los beneficios, privatizadores de la República, en bien de la supremacía del interés general. Éste es el problema y no la democracia, pero poco se explica, mientras muchos ataques se dejan correr.
No hay que perder de vista que las salidas autoritarias forman parte de nuestra cultura política y están íntimamente ligadas con nuestra histórica inhabilidad para cambiar a tiempo y para hacerlo por medio de nuestras instituciones que tienden a mostrar una debilidad endémica. Sin embargo, la oportunidad de hacer las cosas de manera diferente está planteada, hay mucho avanzado y, en buena medida, es un asunto de consolidar la democracia definiendo una hoja de ruta y conformando en torno a ella una nueva mayoría.
Una nueva mayoría construida en torno a un nuevo pacto de poder que tenga la inclusión social como propósito central, la participación ciudadana como vía de desarrollo, y el orden y el combate a la impunidad como su posibilidad. El año nuevo da lugar al período preelectoral del 2012, sin duda será una estación ideal para la exacerbación de todas las contradicciones acumuladas a lo largo de esta década arrastrada por la modernización fallida de la última parte del siglo XX. Es por tanto un buen momento para poner las cosas en su sitio, mal harán los aspirantes a dirigir a México desde Los Pinos, si piensan que la elección se resolverá en un asunto de pasarelas y reflectores. Es momento de construir para oponer bloques con capacidad de gobierno y no sólo de exaltar las virtudes personales de los candidatos. Feliz 2011.

Político y escritor