COMENTARIOS
DE J. ALBERTO AGUILAR IÑÁRRITU
AL
LIBRO:
IR, VARIACIONES SOBRE DERRIDA
DE CESAREO MORALES
EDITORIAL
PORRÚA 2012
FEBRERO
26 2013
·
En primer término quiero a
agradecer a mi amigo Otilio Flores por la amabilidad de su invitación a este
evento, así como saludar a mis compañeros de mesa.
·
El trabajo por que hoy nos
ocupa: Ir, Variaciones sobre Jacques Derrida, de Cesáreo Morales, es ante todo
un libro de muchos libros, de muchas reflexiones condensadas en una nueva
textualidad que propone Cesáreo.
·
Es un diálogo de autores,
vivos y muertos, que se realiza a través de la de-construcción de sus obras, dispuesta
a ubicar toda huella de logocentrismo, aún involuntario, que se haya logrado
mimetizar en el discurso crítico.
·
Congruente con un método
sin método, Cesáreo Arqui-escribe, castellaniza una différance mexicana, trae el debate posmoderno a nuestra propia
circunstancia y también fuma su pipa, exhala, esparce cenizas y suma sus volutas
de humo a la indiferencia global.
·
El libro de Cesáreo invita
a Ir a través de muchas idas y venidas, a cruzar una lectura no lineal que lejos
de agotarse, renace y se proyecta con cada paso de la mirada que, así, queda obligada
a siempre buscar una nueva posibilidad. Por eso comunica, porque interroga para
informar y dar lugar a una nueva perspectiva.
·
Leer Variaciones, es
caminar con un mapa por los vericuetos de la angustia de la segunda mitad del
siglo XX y penetrar a este siglo para comprobar que la ansiedad del animal metafísico de Schopenhauer es todavía
mayor, porque ya no puede construir so pena de volver a caer en la trampa de
los fines últimos que no se evidencian.
·
No sabe hacerlo de otra
forma y resuelve pragmáticamente tratar de ser sin construir, pero eso no le
resuelve nada porque al final no puede escapar de un vacío incomprendido, que
le acicatea la conciencia hasta consolidar su propia incertidumbre, que no se
llena, aunque sólo pretenda existir.
· Teniendo a Derrida como contrapunto, Cesáreo Morales escribe
y dirige una sinfonía donde los ecos de Martin Heidegger se entremezclan con las resonancias de Ferdinand
de Saussure, Wittgenstein, Lévi-Strauss, Sartre y también del argelino Althusser,
para transportarnos por los tonos
meditables del inconsciente, hacia Freud y hacia Lacan, hasta tocar la aguda
acústica de Foucault y la poderosa autorreferencialidad
sistémica de Niklas Luhmann.
· Entonces
retorna para mantener, en tono jazzeado, un dialogo liberal con Richard McKay
Rorty, sólo para comprobar que su propuesta es incapaz de resolverse desde sus
propios fundamentos.
· Vuelve
para caminar entre los tonos más amables y mundanos de Thomas Mann, Régis Debray y de Adorno, para Ir a Peter
Sloterdijk que, con toda gravedad tonal, nos induce a la Crítica de la Razón
Cínica y también a sus Esferas, a través de onomatopeyas que recuerdan un
intercambio epistolar que supera a la muerte.
· En
fin, Cesáreo escribe una sinfonía capaz de enlazar a muchas voces por obra de
su de-construcción para incluso sugerir las notas alegres del jarabe tapatío,
el colas, el relato desesperado del Hip Hop, o el alma irresuelta del criollo,
en Agustín Lara o José Alfredo Jiménez.
· Por
eso el libro se puede conducir por muchos libros no libros, y nos permite
preguntar por nuestras preocupaciones, entre ellas por la política de nuestros
días, tiempo del desencanto cientificista, de la falsedad del progreso y del sujeto
trascendental que resulta un fraude.
· Argumentos
que entronizan la crítica posmoderna; certezas que expresan la crisis de la
modernidad por el incumplimiento de sus promesas, pero que en su desilusión no se
permiten visualizar que, desde la lógica totalizante del capital financiero en
la globalización, y su tercera ola de democratización liberal, en negativo ha reaparecido
la racionalidad integradora de un nuevo orden, cuyas proposiciones se aproximan
a la oferta del Mundo Feliz de Huxley y devuelven a la conciencia crítica los
humos de la necesidad aprendida, aunque abandonada, de comprender su estructuralidad.
· Olas
de la tercera ola que barren pero no resuelven, incapaces de superar sus contradicciones
para cumplir sus promesas. Sólo entran, se retiran y otra vez dejan testimonios
de su infidencia, que se anotan en la Democracia
por Venir, y que llevan a Cesáreo Morales a expresar:
· "La
democracia siempre será la democracia en el conflicto o del conflicto, porque
la potencia de los singulares excede la forma política misma de la
democracia"; "la singular potencia", los individuos "...que
son portadores de la potencia de la vida; donde concurre la democracia, con su
vida, sus sueños, sus deseos, con todo lo que es un viviente y sin embargo para
la democracia son sólo como un número. Y eso causa una tensión permanente, como
se ve a diario"[1].
· Los críticos consideran que el posmodernismo se inspiró
desde la derrota para proponer un metarelato que destaca el fin de los grandes
relatos[2];
sí pero ante las evidencias de la inviabilidad de la emancipación como ruptura,
¿podría ser de otra manera?
· ¿Cómo abrir desde la decepción rutas confiables
para lograr la felicidad, distintas, diferentes o alternativas, al largo y perene
camino de la reforma? Suena muy difícil.
· Sin embargo, el rechazo a aprehender la realidad
como totalidad, en favor de una cosmovisión individualista y dispersa de la
diversidad, tampoco arroja luces eficaces a la comprensión y superación crítica
de los epifenómenos de nuestro tiempo y genera un vacío que, paradójicamente, abre
la puerta a la reedición de bálsamos milenaristas para aliviar el sufrimiento.
· Así, por vía del rechazo a lo existente sin
respuesta, retornan las promesas del advenimiento de la nueva era. Dice Jaime Osorio[3]:
"Este pensar desde la derrota
propiciará una extraña convivencia de los posmodernos con planteamientos
teóricos y políticos inmovilistas, junto con otros que se reclaman de izquierda
o progresistas".
· La conciencia de la autorreferencialidad en los
signos como explicación de la mera relación virtual entre imagen y realidad del
mundo de la crisis de la modernidad y los supuestos del fin de las ideologías,
tampoco han resultado de mucha utilidad para explicar, regular e incluso
superar las formas de dominación existentes, que si no se ven, se sienten,
aunque haya quien jure que no hay cadenas o alienaciones de las cuales
liberarse o emanciparse.
· En términos de Winfried Noth "Si al fin del milenio llegamos al
descubrimiento de que los signos se transformarán en meras simulaciones
autorreflexivas, ¿cómo podremos evitar la constatación de que nuestro propio
discurso se aniquila al llegar a la conclusión de que él también resulta
ser una simulación semejante?[4]
· Los posmodernos liberales como Rorty creen
ciegamente en la fuerza de las instituciones democráticas occidentales y en las
virtudes de la tecnología para acabar con el sufrimiento y crear felicidad,
siempre y cuando se acompañen de una dosis suficiente de comportamiento ético
en el tomador de decisiones, lo cual también resulta ser una responsabilidad
del ciudadano.
· No obstante esta visión no explica, -y menos aún
puede conducir-, la acusada crisis de la democracia liberal en occidente,
expresada en la cada vez menor representatividad de los votantes en la toma de
decisiones de los poderes públicos, resultado de la contradicción entre
suprapoderes globales, Estado nacional y ciudadanos electores, en favor de los
intereses de los primeros.
· Desde luego que en las democracias párvulas, como
la nuestra, el problema es mayor porque comienza por ni siquiera contar con
suficientes controles ciudadanos al sistema de partidos, que terminan siendo un
conjunto de franquicias propiedad de sus dirigencias cuasi eternas, y sobre
todo al ejercicio del poder mismo, frente al cual sus grados de libertad con
relación al mandato del voto, tienden a reducir a este a un ejercicio que si bien
puede castigar en el tiempo, queda circunscrito al supuesto de tapar el pozo,
una vez que el niño se ha ahogado.
· No obstante, Ir, Variaciones sobre Jacques Derrida,
no tiene ninguna culpa, ni tampoco Cesáreo, por el contrario es una obra que
nos otorga la posibilidad de conducir la reflexión sobre estas preocupaciones y
muchas otras más, todas muy de nuestro tiempo y circunstancia, en el debate
contemporáneo y por lo menos cotejar opiniones y tal vez ensayar algunas
respuestas para resolverlo.
· Por eso, más allá de si Derrida nos oferta un
método o una no filosofía, porque sólo nos queda el leguaje, la obra que hoy
nos ocupa es un gran trabajo que amerita ser re-construido.
· Los invito a leerlo.
· Muchas
gracias.
[1] El Universal. Jueves 15 de noviembre de 2012. http://iphone.eluniversal.com.mx/notas/nacion/883375.html
[2]
El Megarrelato
Posmoderno.Jaime Osorio. 2009 http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/secret/CyE/CyE2/05mega.pdf
[3]
El Megarrelato
Posmoderno.Jaime Osorio. 2009 http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/secret/CyE/CyE2/05mega.pdf
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