domingo, 15 de diciembre de 2013

COMENTARIOS AL LIBRO: IR, VARIACIONES SOBRE DERRIDA DE CESAREO MORALES







COMENTARIOS DE J. ALBERTO AGUILAR IÑÁRRITU

AL LIBRO:


IR, VARIACIONES SOBRE DERRIDA
DE CESAREO MORALES



EDITORIAL PORRÚA 2012
FEBRERO 26 2013




·       En primer término quiero a agradecer a mi amigo Otilio Flores por la amabilidad de su invitación a este evento, así como saludar a mis compañeros de mesa.

·       El trabajo por que hoy nos ocupa: Ir, Variaciones sobre Jacques Derrida, de Cesáreo Morales, es ante todo un libro de muchos libros, de muchas reflexiones condensadas en una nueva textualidad que propone Cesáreo.

·       Es un diálogo de autores, vivos y muertos, que se realiza a través de la de-construcción de sus obras, dispuesta a ubicar toda huella de logocentrismo, aún involuntario, que se haya logrado mimetizar en el discurso crítico.

·       Congruente con un método sin método, Cesáreo Arqui-escribe, castellaniza una différance  mexicana, trae el debate posmoderno a nuestra propia circunstancia y también fuma su pipa, exhala, esparce cenizas y suma sus volutas de humo a la indiferencia global.

·       El libro de Cesáreo invita a Ir a través de muchas idas y venidas, a cruzar una lectura no lineal que lejos de agotarse, renace y se proyecta con cada paso de la mirada que, así, queda obligada a siempre buscar una nueva posibilidad. Por eso comunica, porque interroga para informar y dar lugar a una nueva perspectiva.

·       Leer Variaciones, es caminar con un mapa por los vericuetos de la angustia de la segunda mitad del siglo XX y penetrar a este siglo para comprobar que la ansiedad del animal metafísico de Schopenhauer es todavía mayor, porque ya no puede construir so pena de volver a caer en la trampa de los fines últimos que no se evidencian.

·       No sabe hacerlo de otra forma y resuelve pragmáticamente tratar de ser sin construir, pero eso no le resuelve nada porque al final no puede escapar de un vacío incomprendido, que le acicatea la conciencia hasta consolidar su propia incertidumbre, que no se llena, aunque sólo pretenda existir.

·       Teniendo a Derrida como contrapunto, Cesáreo Morales escribe y dirige una sinfonía donde los ecos de Martin Heidegger se entremezclan con las resonancias de Ferdinand de Saussure, Wittgenstein, Lévi-Strauss, Sartre y también del argelino Althusser, para transportarnos  por los tonos meditables del inconsciente, hacia Freud y hacia Lacan, hasta tocar la aguda acústica de Foucault y la poderosa autorreferencialidad sistémica de Niklas Luhmann.

·       Entonces retorna para mantener, en tono jazzeado, un dialogo liberal con Richard McKay Rorty, sólo para comprobar que su propuesta es incapaz de resolverse desde sus propios fundamentos.

·       Vuelve para caminar entre los tonos más amables y mundanos de Thomas Mann,  Régis Debray y de Adorno, para Ir a Peter Sloterdijk que, con toda gravedad tonal, nos induce a la Crítica de la Razón Cínica y también a sus Esferas, a través de onomatopeyas que recuerdan un intercambio epistolar que supera a la muerte.

·       En fin, Cesáreo escribe una sinfonía capaz de enlazar a muchas voces por obra de su de-construcción para incluso sugerir las notas alegres del jarabe tapatío, el colas, el relato desesperado del Hip Hop, o el alma irresuelta del criollo, en Agustín Lara o José Alfredo Jiménez.  
·       Por eso el libro se puede conducir por muchos libros no libros, y nos permite preguntar por nuestras preocupaciones, entre ellas por la política de nuestros días, tiempo del desencanto cientificista, de la falsedad del progreso y del sujeto trascendental que resulta un fraude.

·       Argumentos que entronizan la crítica posmoderna; certezas que expresan la crisis de la modernidad por el incumplimiento de sus promesas, pero que en su desilusión no se permiten visualizar que, desde la lógica totalizante del capital financiero en la globalización, y su tercera ola de democratización liberal, en negativo ha reaparecido la racionalidad integradora de un nuevo orden, cuyas proposiciones se aproximan a la oferta del Mundo Feliz de Huxley y devuelven a la conciencia crítica los humos de la necesidad aprendida, aunque abandonada, de comprender su estructuralidad.

·       Olas de la tercera ola que barren pero no resuelven, incapaces de superar sus contradicciones para cumplir sus promesas. Sólo entran, se retiran y otra vez dejan testimonios de su infidencia, que se anotan en la Democracia por Venir, y que llevan a Cesáreo Morales a expresar:

·       "La democracia siempre será la democracia en el conflicto o del conflicto, porque la potencia de los singulares excede la forma política misma de la democracia"; "la singular potencia", los individuos "...que son portadores de la potencia de la vida; donde concurre la democracia, con su vida, sus sueños, sus deseos, con todo lo que es un viviente y sin embargo para la democracia son sólo como un número. Y eso causa una tensión permanente, como se ve a diario"[1].

·       Los críticos consideran que el posmodernismo se inspiró desde la derrota para proponer un metarelato que destaca el fin de los grandes relatos[2]; sí pero ante las evidencias de la inviabilidad de la emancipación como ruptura, ¿podría ser de otra manera?

·       ¿Cómo abrir desde la decepción rutas confiables para lograr la felicidad, distintas, diferentes o alternativas, al largo y perene camino de la reforma? Suena muy difícil.

·       Sin embargo, el rechazo a aprehender la realidad como totalidad, en favor de una cosmovisión individualista y dispersa de la diversidad, tampoco arroja luces eficaces a la comprensión y superación crítica de los epifenómenos de nuestro tiempo y genera un vacío que, paradójicamente, abre la puerta a la reedición de bálsamos milenaristas para aliviar el sufrimiento.
·       Así, por vía del rechazo a lo existente sin respuesta, retornan las promesas del advenimiento de la nueva era. Dice Jaime Osorio[3]: "Este pensar desde la derrota propiciará una extraña convivencia de los posmodernos con planteamientos teóricos y políticos inmovilistas, junto con otros que se reclaman de izquierda o progresistas".

·       La conciencia de la autorreferencialidad en los signos como explicación de la mera relación virtual entre imagen y realidad del mundo de la crisis de la modernidad y los supuestos del fin de las ideologías, tampoco han resultado de mucha utilidad para explicar, regular e incluso superar las formas de dominación existentes, que si no se ven, se sienten, aunque haya quien jure que no hay cadenas o alienaciones de las cuales liberarse o emanciparse.
·       En términos de Winfried Noth "Si al fin del milenio llegamos al descubrimiento de que los signos se transformarán en meras simulaciones autorreflexivas, ¿cómo podremos evitar la constatación de que nuestro propio discurso se aniquila al llegar a la conclusión de que él también resulta ser una simulación semejante?[4]

·       Los posmodernos liberales como Rorty creen ciegamente en la fuerza de las instituciones democráticas occidentales y en las virtudes de la tecnología para acabar con el sufrimiento y crear felicidad, siempre y cuando se acompañen de una dosis suficiente de comportamiento ético en el tomador de decisiones, lo cual también resulta ser una responsabilidad del ciudadano.
·       No obstante esta visión no explica, -y menos aún puede conducir-, la acusada crisis de la democracia liberal en occidente, expresada en la cada vez menor representatividad de los votantes en la toma de decisiones de los poderes públicos, resultado de la contradicción entre suprapoderes globales, Estado nacional y ciudadanos electores, en favor de los intereses de los primeros.

·       Desde luego que en las democracias párvulas, como la nuestra, el problema es mayor porque comienza por ni siquiera contar con suficientes controles ciudadanos al sistema de partidos, que terminan siendo un conjunto de franquicias propiedad de sus dirigencias cuasi eternas, y sobre todo al ejercicio del poder mismo, frente al cual sus grados de libertad con relación al mandato del voto, tienden a reducir a este a un ejercicio que si bien puede castigar en el tiempo, queda circunscrito al supuesto de tapar el pozo, una vez que el niño se ha ahogado.
·       No obstante, Ir, Variaciones sobre Jacques Derrida, no tiene ninguna culpa, ni tampoco Cesáreo, por el contrario es una obra que nos otorga la posibilidad de conducir la reflexión sobre estas preocupaciones y muchas otras más, todas muy de nuestro tiempo y circunstancia, en el debate contemporáneo y por lo menos cotejar opiniones y tal vez ensayar algunas respuestas para resolverlo.

·       Por eso, más allá de si Derrida nos oferta un método o una no filosofía, porque sólo nos queda el leguaje, la obra que hoy nos ocupa es un gran trabajo que amerita ser re-construido.

·       Los invito a leerlo.

·       Muchas gracias.  





[1] El Universal. Jueves 15 de noviembre de 2012. http://iphone.eluniversal.com.mx/notas/nacion/883375.html
[2] El Megarrelato Posmoderno.Jaime Osorio. 2009 http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/secret/CyE/CyE2/05mega.pdf

[3] El Megarrelato Posmoderno.Jaime Osorio. 2009 http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/secret/CyE/CyE2/05mega.pdf

[4] Self referenciality in the crisis of modernity. Winfried Noth. * Universitàt "" Gesamthochschule Kassel, Anglistik/Linguistik und Semiotik, Georg-Forster-StraàYe 3, 34109 Kassel, Alemania. Autorreferencialidad en la crisis de la modernidad. Cuadernos de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Jujuy. versión On-line ISSN 1668-8104. http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1668-81042001000200019



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