Cápsula 1 Introducción, Mayo 27 2008
J Alberto Aguilar Iñárritu
Ni duda cabe, a los mexicanos nos cuesta trabajo la democracia; como se diría popularmente, todavía no le damos el golpe y para muestra un botón: aunque aceptamos que en la democracia la llave dorada de la toma de decisiones, es la regla de las mayorías, nos ocupamos muy poco de conformarlas, porque suponemos que resultan en automático de las elecciones, lo cual, si nos atenemos a los datos de 2006, no es verdad.
El triunfo electoral no es suficiente para gobernar en mayoría y menos cuando se gana por abajo del 50% mas uno de los votos. Lograrlo es un asunto de construcción política que exige trabajar por él todos los días. Sin embargo hoy en México, la política es desacuerdo y no convergencia. Es confrontación constante de minorías proclives al amago de los rompimientos o al toma y daca de la negociación en corto de sus intereses particulares. Por eso nuestra vida pública transita entre la zozobra y la parálisis, y la gobernabilidad democrática, sigue siendo una noble aspiración.
No obstante, todavía no forma parte de la agenda de los partidos políticos impulsar un nuevo pacto de poder que los contenga a todos. Vamos ni siquiera ampliar el horizonte de cohesión entre los más cercanos. La pregunta es ¿qué tiene que pasar para que eso cambie? La ciudadanía dice¿hasta cuando? Yo así lo veo y ¿usted que opina?
Cápsula 2 Reforma Energética, Mayo 26 2008
J Alberto Aguilar Iñárritu
No hemos terminado de entender que no se puede reformar a México realizando saltos mortales sin red, porque sólo se perfila la muerte de la propuesta o su mutilación y, de paso, se provoca una mayor confrontación nacional.
La democracia mexicana está urgida de contar con nuevas reglas, crearlas exige a las fuerzas políticas ocuparse por construir mayorías reformadoras que soporten sus propuestas. De otra forma no tendrán éxito, todos sabrán cuando despega una iniciativa, pero desconocerán dónde, cómo y cuándo habrá de aterrizar.
Es el caso de la actual reforma energética. No basta con emitir mensajes más o menos serios de carácter jurídico, ideológico, de ingeniería o administrativos sobre PEMEX. Hay que convocar a una nueva mayoría, no sólo política, sino social y esa comienza por responder varias preguntas: ¿petróleo para qué, petróleo para quién?, ¿qué tipo de desarrollo necesitamos para incluir en él a todos los mexicanos y que papel juega la llamada palanca petrolera? O, mejor dicho, ¿qué hacemos para que la buscada prosperidad de PEMEX, también se sienta en los bolsillos de los más y no sólo de los menos? Yo así lo veo y usted ¿Qué opina?
Cápsula 3 Reforma Energética, Mayo 26 2008
J Alberto Aguilar Iñárritu
Hace poco más de 25 años, cuando en medio de una severa crisis fiscal, claudicaba el antiguo régimen de la Revolución Mexicana, desde el poder se decidió sustituirlo por otro más de mercado, con menos estado y más abierto al mundo. Había que cambiarlo todo, bueno casi todo, porque, entre otras cosas, no se podía modificar el pacto fiscal vigente. No se tocarían ciertos intereses, se mantendría el susidio a los privilegios y los retos del equilibrio macro le tocaría resolverlos al petróleo, que para eso lo teníamos.
Que todo cambie, para que todo siga igual. Le volvía a tocar a PEMEX la tarea principal de soportar las alicaídas finanzas públicas. Ya no para administrar la abundancia, ahora había que soportar el ajuste económico y el cambio estructural. Desde entonces las transfusiones de sangre de PEMEX a las finanzas públicas han sido y son tan grandes, como su dependencia.
Es evidente que fortalecer a PEMEX, sin compartir la renta petrolera con el capital privado, exige recaudar más y mejor. Lograrlo implica afectar grandes privilegios y alcanzar un nuevo pacto fiscal. ¿Pero cómo hacerlo sin avanzar en la reforma del poder? Eso se preguntaba Colosio, eso nos preguntamos hoy. Yo así lo veo y usted ¿qué opina?
Cápsula 4 Reforma Energética, Mayo 26 2008
J Alberto Aguilar Iñárritu
Hace poco más de dos décadas, en medio del ascenso triunfante del neoliberalismo en el mundo, los promotores del libre mercado determinaron que la soberanía era un asunto pasado de moda, que la globalización de los mercados había creado una nueva forma de poder económico, de corte extraterritorial, que marcaba el rumbo de la política.
Había que reducir el tamaño del estado y regresarlo a sus funciones básicas de gendarme; a gobernar lo local. Debía abandonar sus funciones reguladoras de la economía, en particular las de fomento, para confiar el destino del país a la mano mágica del mercado.
Sin embargo, con el correr de los años, los países dominantes han demostrado que, en el juego mundial, robustecer su soberanía es cuestión de supervivencia, desde luego no en su versión del siglo XIX, sino del XXI, es decir soberanía entendida como la capacidad de una nación para fortalecerse internamente y poder incidir en las grandes decisiones de la nueva arquitectura mundial.
Hoy que discutimos que hacer con el petróleo hay quienes lo ven como un asunto de negocio y hay quienes pensamos que es un asunto de seguridad de la nación, un asunto de soberanía. Yo así lo veo y ¿usted que opina?
Cápsula 5 Reforma Energética, Mayo 31 2008
J Alberto Aguilar Iñárritu
Desde hace poco más de dos décadas, confiados en una promesa de prosperidad, nos abrimos comercialmente al mundo y alineamos nuestra economía con sus reglas financieras. Hoy el saldo es polémico, hay avances y retrocesos. Sin embargo, algo es claro, a la modernidad ofertada sólo unos cuantos pudieron acceder, los más se quedaron afuera. Es decir, dejamos entrar al mundo, pero nos olvidamos de entrar en él.
No entendimos que insertarse en la globalidad era construir una agenda propia y luchar con ella para ganar espacios de influencia en el mercado mundial. Después hablamos de competitividad, pero no de organizar al país para competir. Sobre todo, soslayamos que la fuerza para incidir en el mundo, resulta de haber alcanzado una sólida cohesión interna, en torno a un proyecto de nación incluyente, compartido por una amplia mayoría.
Ahora que volvemos a debatir sobre el petróleo debemos superar aldeanismos, confrontaciones y rezagos. Estamos obligados a lograr acuerdos en lo fundamental, mayoritarios, modernos e incluyentes. Salir sin ellos, es volver a condenar a México a competir con el mundo en debilidad. Yo así lo veo y ¿usted que opina?
Cápsula 6 Reforma Energética, Junio 1 2008
J Alberto Aguilar Iñárritu
En 1973, hace 35 años, se estrenó la famosa película Cuando el destino nos alcance (Soylent Green), donde el cineasta norteamericano Richard Fleischer exponía la apocalíptica visión de un mundo agotado por el calentamiento global y la desigualdad social que, en el año 2022, sobrevivía comiéndose a sus muertos. Se antojaba el desenlace fatal de una sociedad incapaz de transformarse a tiempo, no obstante recibir múltiples señales de su inviabilidad.
Ahora que nos despertamos todos los días con terribles noticias sobre los avatares del cambio climático, sobre el imparable aumento de los precios del petróleo o sobre la escasez y el consecuente encarecimiento de los alimentos, no podemos evitar que la mente traiga a cuenta aquella advertencia.
Hemos llegado al principio del fin de la edad del petróleo. La cabalgata de esos tres aterradores jinetes, señala el agotamiento estructural de nuestros patrones de producción, distribución y consumo de energía, común denominador de las tres amenazas relatadas ¿Sería mucho pedir a la política mexicana que la reforma energética en debate o la incipiente estrategia alimentaria anunciada, se diseñaran como fórmulas para evitar que el destino nos alcance? ¿Se podrá? Yo así lo veo y ¿usted que opina?
Cápsula 7 Crisis Alimentaria, Junio 8 2008
J Alberto Aguilar Iñárritu
A propósito de la migración y del hambre recuerdo que en el pasado Foro de Biarritz se comentó que una vaca Suiza recibía más subsidio en una semana que un productor promedio en Latinoamérica en un año, por lo que a ese productor latinoamericano le convenía más alquilarse de vaca en Suiza que quedarse a producir la tierra en su casa. En las múltiples reuniones donde se toca el tema, la demanda de moderar el subsidio que los países ricos dan a sus productores vuelve a morder el polvo una otra vez, al igual que las demandas de los productores de nuestro subcontinente y de México en lo particular, para que sus respectivos gobiernos los apoyen más. En cada reunión vemos como, respecto del tema, las instituciones multilaterales muestran su debilidad.
El pasado viernes 6 de junio la noticia del fracaso de la cumbre de los alimentos en Roma se traducía en muchos discursos, en renovados propósitos y pocos compromisos concretos.Todo mundo coincidió en el diagnóstico pero votó en favor de sus intereses y se impuso de nuevo el impasse. Se habló de malas cosechas, de más de lo mismo sobre el calentamiento global, sobre el uso de granos para producir biocombustible y al final Brasil y los Estados Unidos lograron vetar cualquier condena. Los grandes graneros de Argentina y Rusia cerraron filas en torno a la liberación de las exportaciones y, desde luego, México, para variar, ni siquiera pintó en las decisiones.
En fin, todo quedo igual, la crisis alimentaria sigue matando a millones y engordando las ganancias del oligopolio de productores subsidiados, claro de Europa y de los Estados Unidos. De los mexicanos nada, que para eso somos fieles a las reglas del libre comercio, nosotros si sabemos cumplir. ¿Hasta cuando?, esa es la pregunta. Yo así lo veo y usted, ¿cómo lo ve?
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