miércoles, 26 de mayo de 2010

El PRI y la antesala de Los Pinos…

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J Alberto Aguilar Iñárritu*

El Universal

Mayo 18 2010

Mayo 16 de 2010 marca el inicio del posible regreso del PRI a Los Pinos, pero presagia también lo apretado que podría ser su triunfo o su derrota, si no esta dispuesto a innovar. Deja en claro que todo mirador triunfalista resulta ser por lo menos ingenuo y en un país estremecido está fuera de lugar. En el camino hacia el 2012, los triunfos que obtenga el PRI este año le exigirán recordar que gobernar implica pasar con solvencia varias aduanas, que no basta la garita electoral y que, ante las graves circunstancias que la rodearán, en la elección presidencial se juzgará la capacidad de gobierno de los aspirantes, comenzando por su habilidad para lograr el acuerdo y la gobernabilidad al interior de los propios partidos políticos.

México en 2012 rechazará su parecido con un boceto del maestro Francisco Goitia: horror, desolación y expiación. Demandará, artes de prestidigitación mercadotécnica aparte, respuestas tangibles, entre otros temas, ante la inseguridad, el desempleo y la pobreza; la destrucción de la clase media; la parálisis en las reformas: institucional, económica, energética y fiscal; la nueva crisis financiera global y la sequía crediticia nacional; la migración y la indefinición nacional respecto de América del Norte, tal vez ante la corrupción y la impunidad. Al PRI no le bastará con invocar sus éxitos en la edificación institucional del siglo XX, ni podrá guardar silencio ante la modernización fallida que intentó construir cuando colapsó el antiguo régimen en 1982, ni solo argumentar que el PAN lo ha hecho muy mal y que el PRD fracasó como alternativa. Eso la gente ya lo sabe y en esa medida aplica su voto de castigo, pero no le basta, ni esos votos le serán suficientes al PRI para ganar con la contundencia que reclama la situación, ni tampoco para derrotar a un panismo que venderá muy cara su salida del poder, llegando tal vez a límites insospechados. Necesita algo más…

Después de varias décadas de crisis, agravadas por el abuso y el constante incumplimiento de sus élites, la frustración y el desengaño han contagiado a la sociedad mexicana de una enfermedad peligrosa: la desesperanza aprendida que, en condiciones de epidemia, inviabiliza a cualquier nación. La cura reside en liberar la fuerza ciudadana de la subrepresentación institucional que la anula y en restituir su confianza en la política, la buena, la que trasciende el fasto cotidiano de las cofradías y trasmuta el conflicto en progreso incluyente. Sin embargo, ¿cómo hacerlo en una sociedad atrapada entre la pesada loza de intereses oligopólicos que la asfixian y una sensación de orfandad que la domina desde su matriz autoritaria y comodina?, la respuesta es organizar un nuevo liderazgo que entierre de una vez por todas los muertos insepultos y las vetustas prácticas que nos han traído hasta donde estamos. La medicina es construir un nuevo discurso político desde las causas de la propia sociedad. Impulsar una nueva narrativa sobre nuestras posibilidades y virtudes, una nueva manera de integrar la agenda y también de comunicarla para movilizar a la sociedad, en especial a los independientes, a los que todavía no participan, a los que están hartos de tener que abrir puertas con la llave de la corrupción, en fin, a los excluidos de la complicidad reinante y, con esa fuerza, generar una nueva mayoría que cambie la correlación actual en favor del añorado y hasta ahora boicoteado cambio de siglo…

Sin regatearle aciertos a ningún gobierno estatal priista, sus éxitos no bastan para elaborar la plataforma político electoral que necesita el PRI, tampoco es un asunto de caras nuevas o de caras vistas, es ante todo una cuestión de ingenio, arte y destreza para convertir el trayecto al 2012 en la oportunidad de conformar esa constelación mayoritaria de la diversidad nacional que le urge a México para conseguir el nuevo pacto de poder que necesita para gobernar su democracia con eficacia y sin retrocesos autoritarios, ni regateos con la pluralidad. Si el PRI quiere de verdad capitanear la edificación institucional del siglo XXI, su candidato debe ser un nuevo acuerdo mayoritario de minorías activas, comprometidas con la democracia y el desarrollo económico y social incluyente, encabezado por quien se haya destacado en su conformación. Debe mostrar competencia para encontrar y constituir con la sociedad la fórmula para que en México quepamos todos y todos podamos desplegar nuestros talentos y progresar. Si no quiere, entonces puede dar rienda suelta a esa política grupal que juega de espaldas a la sociedad y preparar las pasarelas y los fuegos de artificio como propuesta alternativa, sin importar si eso le alcanzará para ganar, pero sobre todo para gobernar.

Desde luego una buena forma de comenzar es rescatar del pragmatismo el imperativo de la congruencia y el compromiso entre discurso y acción. El PRI dice que “…orgulloso de los principios ideológicos de la Revolución Mexicana, se inscribe en la corriente socialdemócrata de los partidos políticos contemporáneos”. Hará bien en invitar a la sociedad a edificar ese nuevo pacto de poder a partir de honrar sus documentos básicos como instrumentos fundamentales para su práctica política, esa es la mejor vacuna contra la simulación que degrada la política, extravía a los partidos y los hace odiosos y no confiables ante la gente que está urgida de creer…

* Político y escritor.

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