domingo, 25 de octubre de 2009

J Alberto Aguilar Iñárritu Coordinador del Consejo Nacional por la Defensa de las Clases Medias

Saludamos la actitud del Senado de la República para revisar el paquete fiscal recientemente aprobado en la Cámara de Diputados, pero le solicitamos que su revisión supere los estrechos marcos de la miscelánea fiscal con que año tras año la Secretaría de Hacienda encara la promulgación de la Ley de Ingresos; el país no tolera más parches, vamos haciendo las cosas con estatura y de fondo.

México necesita aprovechar esta oportunidad crítica que vivimos, producto de nuestro agotado y no reformado modelo político, económico y social vigente, para dar un serio golpe de timón en la conducción del país y una buena manera de comenzar es hacer a un lado todos los privilegios fiscales que se ocultan en el denominado Presupuesto de Gastos Fiscales y adelgazar el engordado gasto corriente del gobierno.

No se trata de no pagar impuestos, sino de que todos paguemos en forma proporcional al ingreso de cada uno. Nos oponemos a que el sistema fiscal siga siendo una vía adicional para extraer la riqueza de la sociedad, en particular de sus clases medias, de la riqueza de todos: nuestros recursos no renovables, como el petróleo y, en general, de los que menos tienen, para beneficiar al sector más rico de México y de paso mantener a la excesiva alta burocracia que padecemos, cara, obesa e ineficiente.

Tampoco estamos en contra de que existan subsidios fiscales, pero demandamos que estos se ejerzan mayoritariamente por el lado del gasto, no del ingreso, que debe tener una base ampliada de contribuyentes con una carga fiscal que aliente la competitividad, el crecimiento y el empleo bien remunerado. Un gasto público trasparente en su rendición de cuentas y orientado a volver a enganchar a este descarrilado México a la locomotora de su desarrollo: el mercado interno, el empleo con salario remunerador, el campo y la micro, pequeña y mediana empresa; todo eso con un claro sentido federalista orientado a la prosperidad de las regiones como base del progreso nacional.

El sistema fiscal no debe seguir siendo un mecanismo adicional de exacción de la renta social para nutrir a los oligopolios que padece nuestra economía, es la hora de abrir desde ahí las compuertas para modernizar este capitalismo de amigos, o de cómplices, que nos impide arribar a la imprescindible prosperidad compartida de la que depende la viabilidad del país.

Es la hora de llamar a construir un nuevo Pacto Fiscal que a todos nos convoque para hacernos cargo del país en forma proporcional a nuestros ingresos, con un sentido solidario y de largo plazo, con altura de miras y convencidos de que México está llamado a tener un mejor destino, de grandes realizaciones, muy distinto a la decadencia que el actual estado de las cosas perfila.

Es hora de resolver esta Ley de Ingresos, sentando las bases para realizar una nueva Convención Nacional Hacendaria, que ahora si se haga sin simulaciones. No lo vamos a resolver todo en un día, pero es momento de comenzar.

Lo fiscal es la columna vertebral del Estado. No se puede perder de vista que el llamado a edificar un nuevo Pacto Fiscal, es el principio para lograr el nuevo Pacto Político que demanda nuestra débil democracia para robustecerse. Los acuerdos fiscales exigen ser mayoritarios para ser posibles, deben estar sustentados en esas mayorías estables que requiere el país para gobernarse y que hoy no tiene.

Hagamos de este ejercicio fiscal, una posibilidad de reencuentro en la que se entienda que la economía somos todos, no solamente los gastos del gobierno y que toda solución debe sustentarse en un acuerdo mayoritario de beneficio para todos.

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