jueves, 14 de abril de 2011

Una apostasía electoral de nuestros tiempos…



J Alberto Aguilar Iñárritu*
El Universal
Abril 3, 2011

Entre la pureza y la subsistencia son el fruto prohibido de la debacle perredista; la desesperación panista las impulsa de la mano de su angustia por tener que entregar las llaves de Los Pinos; el priismo ansía exorcizar la voluntad ciudadana de su posesión corruptora y neutralizar su amenaza al triunfo que siente en la bolsa. Todos las sufren, son las Alianzas; no cualesquiera, sólo las que revuelven el azul y el amarillo. Son una apostasía electoral de nuestros tiempos que anuncia el principio del fin del régimen de partidos, tal y cual lo conocemos, aunque todavía no conozcamos su desenlace.

Las críticas a su incongruencia ideológica no han sido suficientes para frenarlas y menos aún para revelar sus artes de seducción. Tampoco basta acreditar los errores internos de dirigencias del PRI y de otras fuerzas para aclarar su porqué, aunque, sin duda, éste concierne a las debilidades del actual régimen de partidos; verdaderas franquicias electorales propiedad de imperecederas cofradías.

Los partidos han entrado en una crisis que sólo se puede agudizar. Estacionados en una lucha electoral cada vez más desdibujada de los propósitos de la transición, se vuelven cada vez más disfuncionales a la gobernabilidad de la democracia y parte activa del oligopolio del poder que somete a la República y subrepresenta a la ciudadanía.

El destino nos alcanzó, todavía no superamos la incapacidad de todos para desmontar los despojos del antiguo régimen y construir otro capaz de gobernar y la matriz del sistema: el método Reyes Heroles para la inclusión político electoral de la pluralidad, ya se agotó.

La sociedad asiste, cansada de pregones electorales y sin mejoría de fondo, a las fracturas partidarias de conveniencia, propias de la lucha del poder por el poder mismo. La rigidez cupular de los partidos hace que los compromisos de los aspirantes sean volátiles y sólo estén sujetos al interés personal y de grupo. Al no ser parte de ningún pacto ideológico y programático con la ciudadanía, carecen de detentes ante el oportunismo.

Hasta ahora las Alianzas han probado su eficacia para oponerse al PRI y derrotarlo, pero no han contribuido a solucionar la ausencia de propuesta, mal endémico del electorerismo mexicano, incluso por sus contradicciones lo han agravado y veremos que pasa respecto del ejercicio de sus gobiernos. Sin embargo, tampoco puede descartase que puedan ser la simiente de las deseadas coaliciones de gobierno. Como siempre, eso dependerá de la calidad de la política y de sus actores, porque la otra cara de esta crisis también podría ser un retroceso democrático mayor.

Si su desenlace es constructivo, hacia el 2012 se podrían configurar dos escenarios:

Que se perfilen dos bloques mayoritarios, ambos con agenda de cambio y robusto pacto social, y se confronten en ese referéndum de gobernabilidad para prefigurar una salida de dominancia bipartidista, con una sólida tercera fuerza en MORENA, que ponga fin al flagelo de los gobiernos de primera minoría para avanzar en una agenda de reformas pactada, más allá del sempiterno calendario electoral.  

O bien, que se conforme un solo bloque dominante, un frente muy amplio, que se apropie de la bandera del cambio, logre la alianza mayoritaria con la sociedad y se proponga rebasar a todos los partidos políticos como algo del pasado para desmontar los retazos del antiguo régimen y anular el freno oligárquico a la modernización democrática de México.

Paradójicamente es el PRI quien puede definir la viabilidad de los dos escenarios. Su mejor opción está en el primer caso: constituir uno de los bloques y ponerse a la cabeza de la lucha por culminar la transición a la democracia, pactar internamente una agenda de reformas y aliarse con la sociedad para lograrlo. Si se limita a fustigar las alianzas, se encierra y no toma la bandera del cambio, dará lugar a la segunda opción, al frente amplio en su contra y terminará representando la restauración, es decir habrá perdido el referéndum del 2012 y tal vez su vida útil.


*Político y escritor
josealbertoaguilar@terra.com.mx