lunes, 7 de marzo de 2011

El embargo del porvenir… J Alberto Aguilar Iñárritu

El embargo del porvenir…
J Alberto Aguilar Iñárritu*
El Universal
Enero 27, 2011


“Yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social.  Nosotros somos hombres-bombas. En las villas miseria hay cien mil hombres-bombas. Estamos en el centro de lo insoluble mismo”
Marcola

Puntual y propositivo como siempre, el Dr. Narro, rector de la UNAM, de nuevo llamó la atención de quien quisiera escuchar, para enjuiciar el calificativo de guerra asociado al combate al narcotráfico y cuya paternidad ahora nadie quiere reconocer; y para denominar como fracaso de la sociedad las hasta el momento 34,500 muertes que enlutan a muchas familias y que frecuentemente son estimadas en el dicho oficial como “no tan importantes” por considerarlas relacionadas con el crimen organizado.  Así mismo volvió a poner el dedo en la llaga para señalar que esa cifra de homicidios, se compone de muchos jóvenes a quienes se les ha negado la posibilidad de futuro.  

Hace casi tres décadas en nuestro país se inició un proceso de modernización que divorció a la economía de la sociedad y llevó al Estado a abdicar de su función rectora y promotora del desarrollo social en favor del asistencialismo mendicante, administrador de la pobreza. Construyó un modelito exportador de mano de obra barata, que depauperó al trabajo a costa de la reducción permanente del salario como endeble base de su competividad, incapaz de crecer y satisfacer la demanda de empleo, y donde la cohesión social no fue ninguna prioridad y menos la felicidad de las personas o la inclusión del arcaísmo social en su hoja de ruta.

Hoy estamos pagando la factura de esa modernización fallida que no obstante haber entrado en crisis desde 1994, se ha mantenido incólume gracias al uso dilapidador del petróleo, al oxigeno temporal de la alternancia electoral y al conservadurismo de los intereses creados, neutralizadores del cambio a lo largo de la primera década de la alternancia. Vivimos una situación que condena a muchos de nuestros jóvenes a la invisibilidad y a manifestar su existencia sólo a través de la violencia, embargando el porvenir de la Patria.

Ciudad Juárez es un triste caso emblemático de lo anterior: logro del TLCAN, uno de los principales centros logísticos del país, el cuarto PIB de México, el más importante cruce fronterizo y la ciudad que llegó a ocupar el lugar 16 entre las mejores de América latina para hacer negocios. Hoy es la ciudad más violenta del mundo con 191 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes frente a un promedio global de 5.5 homicidios por la misma cantidad de habitantes.

El Colegio de la Frontera Norte señala que cerca de 120 mil jóvenes en Ciudad Juárez entre los 13 y 24 años, 45% del total de este rango, no tienen acceso al aparato escolar, ni al mercado laboral y que casi el 60% de los homicidios dolosos que sufre Juárez dañan a la población cuya edad se ubica entre 19 y 35 años. Clara Jusidman explica que no son las carencias materiales y de ingreso las que determinan el estado y el deterioro de la situación social de Juárez, sino las condiciones del desarrollo sicoemocional individual, las necesidades de seguridad de las personas y las de desarrollo cultural y crecimiento.

Hoy Juárez se está muriendo y sus más de un millón trecientos mil habitantes, no están dispuestos a permitirlo.  El éxito de su lucha es la detente de un posible destino para otras partes del país y la oportunidad de poner en práctica de nuevo un concepto de desarrollo que vuelva a unir a la economía con la sociedad y con la felicidad de las personas como su propósito principal. Por eso es verdad que salvar a Juárez es rescatar a México.

Si bien la Ciudad es rehén de una lucha que no provocó entre carteles que se disputan el usufructo de sus ventajas competitivas y la estrategia de combate que decidió el gobierno federal para hacerles frente, también es víctima de sus propias contradicciones generadas a lo largo de muchos años de olvido de la gente.

En su actual contexto, la jerarquía de toda acción pública o civil debe medirse por su aportación para detener la violencia y en los jóvenes, ya sea como víctimas o como victimarios, se personifica buena parte de ella, por eso son la prioridad de todo esfuerzo.


*Político y escritor
josealbertoaguilar@terra.com.mx

domingo, 6 de marzo de 2011

Cumpleaños 82 del PRI







J. Alberto Aguilar Iñárritu



Con 82 años a cuestas, el Partido Revolucionario Institucional, miembro del selecto grupo de los partidos más longevos del mundo, se apresta a mostrar lo que ha aprendido en su etapa de oposición y lo que recuerda de la anterior para lanzarse otra vez en pos de la Presidencia de la República. Lo hace estrenando una dirigencia de nueva generación que, prácticamente sin hacer campaña, logró el consenso mayoritario de una militancia cansada de cuatro años de quedarse sin voz en un partido desmovilizado, capturado por una dirigencia que se recordará por las altas rejas, coronadas por púas, con la que cerró la entrada partidaria a su sede nacional.
La nueva dirigencia hereda muchos retos para hacer del PRI un partido capaz de definir y apoyar una candidatura al 2012 que convoque a la unidad interna, al mismo tiempo que a la voluntad mayoritaria de una ciudadanía harta de la ineficacia de la política actual en la solución de sus necesidades. El PRI debe entender que, sin demeritar sus fortalezas, su ascenso en las preferencias de la opinión pública responde más a los fracasos de la opción en el poder y al autodesmantelamiento de la izquierda que a sus méritos, que si bien existen, no acreditan aún que el PRI se haya transformado y que represente una nueva alternativa ante el desgastado sistema de partidos.
Completar con éxito esa tarea exige mucho más que colgar una manta en Insurgentes que dice estar “Construyendo el PRI del siglo XXI”, requiere sacar sus documentos básicos del archivo muerto, en particular su socialdemócrata declaración de principios, y proponerse conquistar de nuevo el centro izquierda del país, muy desdibujado por las pugnas aliancistas, pero sobre todo, decidirse a contestar las preguntas que la gente profundizará en los próximos tiempos: ¿Por qué debe regresar el PRI a Los Pinos y qué ganamos nosotros con eso?
Contestarla implica construir y proponer un proyecto de rumbo a la nación que acredite ser el fundamento de su pacto político interno, al mismo tiempo que el vehículo para incorporar y expresar en él las demandas de la ciudadanía y pactar con ella la edificación de un bloque mayoritario con capacidad de gobierno, que le permita salir con éxito del referéndum de gobernabilidad del 2012. Se trata de contar con una hoja de ruta que convoque y convenza a una mayoría social de sus cualidades para lograr que nuestro país recupere el rumbo perdido en prácticamente todos los campos y, en consecuencia, pueda reintegrar a los mexicanos al orden, la seguridad, la prosperidad económica, la igualdad social, la soberanía y la respetabilidad internacional, que son bienes en torno a los cuales los ciudadanos sin duda tenderán a vertebrar su voluntad electoral.
El PRI perdió cuatro años para avanzar en este rumbo y ahora debe hacerlo en unos cuantos meses, necesita echar mano de instrumentos probados que inopinadamente se hicieron a un lado como el IEPES o su equivalente, una herramienta de campaña que reúne la expresión de la inteligencia priísta que es amplia y consistente para producir una propuesta e ir con ella a pactar con el electorado, mostrando de cara al mismo cómo construye su proyecto de nación; cómo pacta internamente su compromiso de unidad interna en torno a ese proyecto; y cómo el discurso partidario se pronuncia y se actúa, todo el tiempo y en todo lugar, sobre los temas de la agenda nacional en plena consistencia con ese proyecto.
Un segundo reto para la dirigencia es llevar al PRI a superar el tema de las alianzas, analizando, con independencia de los errores cometidos por las dirigencias nacionales y estatales en las últimas derrotas electorales, en qué medida éstas responden al agotamiento del actual sistema de partidos y perfilan el surgimiento de otro de dominancia bipartidista. Lo cual será materia de mi próxima colaboración.
josealbertoaguilar@terra.com.mx
Político y escritor